
Cuando me preguntan qué podemos hacer para ser más sostenibles muchas veces no sé qué responder. Todos queremos una fórmula fácil y rápida de cómo podemos cambiar el mundo pero la realidad es que no existe esa fórmula sencilla. Aunque sí hay muchas acciones que podemos hacer por el planeta, el cambio más importante que debemos hacer es cambiar nuestra mentalidad.
Como dice Gus Speth…
“Solía pensar que los principales problemas ambientales eran la pérdida de biodiversidad, el colapso del ecosistema y el cambio climático.
Pensé que treinta años de buena ciencia podrían abordar estos problemas.
Estaba equivocado.
Los principales problemas ambientales son el egoísmo, la codicia y la apatía, y para hacer frente a estos necesitamos una transformación cultural y espiritual. Y nosotros los científicos no sabemos cómo hacer eso.”
Gus Speth
(Gracias a mi papá por compartirme esta frase que vio en una conferencia 💚)
Esta transformación cultural y espiritual es el primer paso para que las acciones sostenibles no se sientan como un checklist o una carga, sino como algo natural en nuestras vidas. Sin este cambio, es difícil sostener nuestras decisiones a largo plazo. Y la sostenibilidad, como su nombre lo dice, requiere ser sostenible en el tiempo.
La buena noticia es que este proceso, como verás más adelante, no solo beneficia al planeta, sino que puede transformar muchos otros aspectos de nuestra vida, ayudándonos a ser más felices y a vivir con mayor propósito.
Trabaja en ti mismo
Yo digo que las personas que más trabajan para evitar el cambio climático, sin saberlo, son los psicólogos porque una de las causas principales de nuestra crisis planetaria es nuestra relación con el consumo.
¿Por qué sentimos esa necesidad constante de tener más y más cosas materiales? En nuestra sociedad, el consumo está impulsado por inseguridades y por la búsqueda de validación a través de lo material. Hemos asociado “tener más” con símbolos de valor, pertenencia y felicidad, dejando de lado la importancia de valorar lo que ya tenemos.
Esta dinámica está profundamente enraizada en nuestra inseguridad y en una falta de empatía colectiva. Muchas veces priorizamos nuestras “necesidades” y deseos, sin considerar cómo nuestras decisiones afectan a los demás y al planeta. Este modelo de consumo no solo es insostenible, sino que también perpetúa nuestra insatisfacción personal.
Creemos que comprar cosas nos hará más felices; incluso se habla de “shopping therapy.” Pero, en realidad, esta dinámica nos aleja de la felicidad, convirtiéndonos en una sociedad cada vez más infeliz.
Hay una frase que dice que la felicidad no se consigue teniendo lo que queremos, sino queriendo lo que tenemos.
“Happiness is not having what you want, but wanting what you have”
Aunque habla de la felicidad en términos generales, aplica perfectamente al consumo y cómo podemos convertirnos en consumidores más responsables.
La felicidad no la vamos a conseguir comprando lo último en tendencias, sino en aprender a querer lo que ya tenemos.
Cuando valoramos lo que tenemos, lo cuidamos. Y cuidar nuestras pertenencias —limpiarlas, repararlas, darles mantenimiento— es uno de los actos más radicales que podemos hacer para desacelerar el consumismo.
A medida que trabajemos en nosotros mismos y redefinamos qué nos da valor, iremos desligándonos de la necesidad de consumir. Ya sea con ayuda profesional o a través de nuestra propia introspección, este proceso nos permitirá ser más felices y, al mismo tiempo, reducir nuestra huella ambiental. ¿Ser más felices y cuidar el planeta? Es un verdadero gana-gana.
Repensado los “desperdicios” y nuestro relacionamiento con los recursos.

En la naturaleza no existe el concepto de desperdicio; es algo que nosotros, los humanos, hemos inventado. Cualquier “desperdicio” en la naturaleza se transforma en materia prima para otro proceso. Piensa, por ejemplo, en el excremento de una vaca: sirve de alimento para ciertos insectos que lo convierten en abono para las plantas y el pasto que crece en los potreros.
En lugar de ver los desperdicios como algo inevitable, adoptemos una mentalidad circular inspirada en la naturaleza, en la que nada se pierde y cada recurso encuentra un nuevo propósito. Esto implica reparar, reciclar y reutilizar, transformando el modelo “comprar, usar, tirar” en un ciclo continuo de cuidado y regeneración. Pasar de un modelo lineal a uno circular es fundamental para reducir el impacto de nuestro consumo.
Cae en el greenwashing*
Esta frase siempre la digo con un asterisco. Obviamente no estoy a favor de hacer greenwashing ni comprar solo porque las cosas tienen etiquetas con sellitos verdes pero tampoco se trata de perder el optimismo o caer en el escepticismo total.
Sabemos que en la vida la gente dice mentiras, y sí, debemos aprender técnicas para no caer en ellas, pero tampoco podemos permitir que esa desconfianza nos paralice. Soy una optimista de corazón y creo firmemente que los buenos somos más. No deberíamos convertirnos en personas desconfiadas solo porque hay quienes actúan con malas intenciones. Esa actitud solo nos produce ansiedad.
Usa todas las estrategias posibles para evitar caer en el greenwashing, pero en últimas si tienes que tomar una decisión recuerda que es preferible la sostenibilidad imperfecta que la no acción. Si un producto asegura tener beneficios ambientales, materiales o procesos sostenibles, compra ese. Es posible que las promesas sean ciertas y en caso de que no, tu compromiso sigue intacto: eres una persona que le importa el planeta, que busca tomar decisiones más conscientes y por eso elegiste confiar en lo que te decía la publicidad o el empaque.
Con tantas noticias y polémicas sobre greenwashing, es común caer en el pensamiento de “si todo es mentira, seguiré haciendo/comprando lo mismo, aunque sea malo para el planeta”. Pero ese mensaje equivale a decir “si ellos son malos, yo también lo seré”. Creo que no es difícil pensar en un par de razones por las que no nos deberíamos dejar corromper por esa maldad. Hay muchas razones por las que no nos deberíamos dejar corromper por esa maldad y aunque nos digan mentiras, debemos seguir siendo buenos y haciendo lo que está a nuestro alcance.
Y mientras trabajamos en este cambio de mentalidad acá te dejo una lista de cosas que puedes hacer para ser más sostenible en tu día a día.